y entonces, vendrá la paz

Cayeye
By Cayeye Marzo 5, 2016 23:58

Por ELIÉCER ORTEGA OSPINO .

El hombre es el único ser del universo que además de contemplar la naturaleza puede transformarla mediante su consciente actividad laboral. En ese proceso de trabajo entra en contacto con sus congéneres y por supuesto, consigo mismo. Desde que tuvo conciencia de la realidad objetiva, reflejada en su pensamiento, estuvo ya en condiciones de proyectarse mentalmente tanto en el tiempo como en el espacio, lo que le permitió involucrarse en el campo de la reflexión.
Siempre creímos que a la entrada de este tercer milenio tendríamos un hombre nuevo, dotado de un gran poder reflexivo y casado con la causa de la paz pero vemos que en la práctica se demuestra todo lo contrario, dos guerras mundiales, segreación racial, drogomercantilismo, pornocomercio, capitalismo salvaje, tráfico de personas, etc.
El imperativo que está al orden del día es el de proporcionar escenarios para la reflexión que nos permita interactuar con nuestros semejantes y por supuesto con nuestro propio fuero interno, ejercicio este que nos enseña a respetar la diferencia, a mirarla no como un peligro sino como una fortaleza, creer que lo que une a los hombres es más que lo que nos separa. Si observamos este mínimo de exigencias éticas entonces nos estaremos acercando inevitablemente a la paz y estaremos espantado el fantasma de la guerra.
El compás para la reflexión debe se abierto en todos los aspectos de nuestro quehacer cotidiano, comenzando por el núcleo familiar, pasando por la escuela hasta llegar a la superestructura política de la sociedad. Por falta de una auténtica oposición reflexiva nuestros hermanos de clase llevan más de dos siglos de estar agrediéndose mutuamente con las armas en la mano sin que los verdadero dueños del poder se den por enterados ante el desangre del la país nacional. Tal parece que estuviesen interesados en que la guerra continúe.
Todo esto viene a cuento porque se está negociando la paz en La Habana, el gobierno y la insurgencia instalaron una mesa de diálogo para darle una salida política al conflicto interno colombiano a fin de que la generaciones venideras puedan vivir en la convivencia armónica que le negaron a la nuestra.
Nunca antes se había avanzado tanto en un proceso de paz como el actual, pues se ha evacuado más del 80 por ciento de la agenda con el apoyo incondicional de la comunidad internacional. Estamos a solo un paso de la tregua bilateral, de la dejación de armas y la firma de los acuerdos.
Pero como nada está acordado hasta que todo este acordado existe el peligro latente de que los enemigos de la paz salten desde sus guaridas y se tiren todo el trabajo hasta ahora realizado en la mesa. Hay que desmovilizar la lengua de la huestes del Centro Democrático, hay que desmovilizar la lengua también de algunos microfoneros descriteriados que desde los grandes medios de comunicación arremeten contra el proceso de paz, a su vez debemos desmovilizar la lengua incandescente del procurador que tampoco quiere la paz, tenemos que amarrarle la mano a ciertos aventureros de la pluma que desde sus columnas periodísticas le clavan una puñalada trapera al proceso de paz.
Ahora hace falta apoyar con todas nuestra fuerzas las iniciativas de paz que se están negociando en La Habana. Esto lo lograremos cuando y solo cuando movilicemos a la comunidad ciudadana a nivel nacional, le explicamos los alcances de los acuerdos y acojamos como hermanos a esa otra Colombia que por cuenta de la exclusión lleva más de cinco décadas alzada en armas. Si conseguimos cumplir con este mínimo de objetivos entonces vendrá la paz.

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