El Maestro por otro maestro

Cayeye
By Cayeye marzo 6, 2016 00:25

El Maestro por otro maestro

 

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Por Jaime Barbosa Picón
Si el célebre científico Albert Einstein hubiera usado el momento cumbre del fútbol: el gol, para explicar su famosa ecuación que define la teoría de la relatividad, muchos habrían entendido de qué se trata y qué pretende explicar.
En una jugada previa a una anotación, desde el instante en que el balón parte del botín, de la testa del delantero rumbo al arco, o de lo que se atraviese, existen dos apreciaciones diferentes sobre el espacio, la velocidad y el tiempo, del mismo evento.

Para el guardavallas el tiempo que trascurre desde el momento en el balón toma dirección a su portería es vertiginosa, infinitamente veloz, de nada valdrán su reacción, ni sus reflejos felinos, ni que estire sus brazos más allá de los límites humanos en busca de la esférica. Para todos los demás, incluidos los jugadores, el árbitro, los jueces de línea, los recogebolas, los policías, los periodistas y los aficionados, la trayectoria del balón se hace más larga y lenta, como suspendida en el tiempo, en un silencio contenido que revienta cuando el balón infla la red y se escucha la descarga masiva y ensordecedora del grito del gol.
Este momento, cuando la red es el límite, cuando ésta se estira adoptando las curvas del balón y se congela en la memoria y en el tiempo, es el tema central de la escultura que el artista plástico Benjamín Ortiz Olivero ha realizado para honrar la memoria del futbolista samario más grande en la historia del balompié criollo: Alfredo Arango Narváez.
La obra escultórica, que contó con el respaldo del alcalde distrital de Santa Marta Carlos Eduardo Caicedo Omar, tiene un tamaño monumental, cercano a los seis metros de altura; de los cuales la mitad corresponde a una inmensa red construida en acero inoxidable que semeja la malla del arco de fútbol cuando abraza al balón en el momento en que éste traspasa la línea y se convierte en GOL, que es el nombre con el que el artista ha bautizado su obra.
De Alfredo Arango muchos saben de su fulgurante pasado como futbolista, pero pocos conocen su pasión por la pesca, por tal razón, en la obra se aprecian las siluetas de peces enredados en la red simbolizando este aspecto no tan conocido de su vida.
De concepción naturalista y altamente simbólica, la escultura reposa en un pedestal de tres metros de ancho por dos de alto, revestido en mármol, que en una de sus caras tiene en alto relieve y en tamaño natural, la imagen del jugador en plena acción.
La escultura, que será develada en los próximos días, está ubicada en el Megaparque de La Equidad de la Ciudadela 29 de Julio, pretende armonizar espacios y gene-rar un impacto como escultura pública contemporánea en el paisaje urbano para que sirva de inspiración a propios y extraños e ilustre acerca de la vida deportiva de este excelente futbolista que marcó la senda de las nuevas generaciones para que su memoria y su legado perduren en el tiempo.

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