El hombre y el perro, más que amigos

Cayeye
By Cayeye Abril 27, 2015 15:28

El hombre y el perro, más que amigos

vivDesde hace más de quince mil años el perro comparte el mundo con el hombre. Vale recordar que los humanos cazadores de aquel entonces no lidiaban con un perro como el que conocemos hoy, incluidos los cariñosos y tiernos pitbull y rottweiler, sino con verdader­os lobos. Cabe aclarar que ambos desci­enden de la misma especie: canis lupus. Hacia el año 13 500 a.C. una subespe­cie de lobo, mejor dicho un careperro, comenzó a acercarse al hombre. Nació entonces la relación social más estable entre especies vivas en la historia de la Humanidad: la del hombre y el perro.

Esta relación dio pie a la célebre frase: “Mientras más conozco al hombre más quiero a mi perro” que demuestra del poderoso vínculo que el canis lupus ha establecido con el hombre. En prin­cipio esta frase se le endilgó al poeta inglés Lord Byron escritor que en su tiempo fue paradigma de lo libertino y lo amoral, cuando la usó en uno de sus poemas, pero el notable vate jamás tuvo perro.

Curiosamente, esta frase también fue usada por Adolfo Hitler insinuando que era de su autoría, lo cual parecía encajar porque el Führer siempre se hacía acompañar de un perro pastor alemán, pero no era cierto, pues mil años antes le fue escuchada al rey Carlomag­no, quien tuvo más de un centenar de perros; y mucho tiempo más atrás (412 a.C) el filósofo ambulante Diógenes de Apolonia, que como todo libre pensador vivía solitario, andrajoso y esmondao, solía usarla con frecuencia. Vale traer a colación que Diógenes caminaba siempre acompañado de un escualido y chandoso perro tan llevado como él.

Tan estrecha relación entre hombre y perro ha dado espacio para que el canino adquiera rasgos y comporta­mientos humanos y viceversa. Por eso es corriente escuchar: “… ese animal es muy entendido, sólo le falta hablar”, y a otras: “… ese hijo de puta es un perro desgraciado”. Debe ser porque el perro no come de clases sociales ni del qué dirán.

A tal punto ha llegado la dependencia del perro con el hombre, -a diferencia del gato, otra eximia mascota que caza todo cuanto se mueva- que el canino perdió para siempre sus habilidades ca­zadoras y de supervivencia; el perro de hoy, sin amo, está perdido, condenado a vagar eternamente como poeta en el exilio. Esa razón y el gran amor que profesan algunos por sus mascotas, es una de las causas de la baja afluencia de muchos protectores de animales a las iglesias; razón por la cual el papa Fran­cisco exhortó a los sacerdotes para que sean laxos en sus parroquias y permitan que los feligreses asistan acompañados de sus mascotas. De esta manera, se le pondría el rótulo de “en vías de extin­ción” al refrán que dice: “… le fue como perro en misa”.

No obstante a muchas acciones perri­cidas de algunos y al desprecio de otros, el perro samario goza de gran acep­tación social y de mucho amor de parte de sus amos, sin importar que vivan en estratos socio económico elevados, con comida asegurada, viajes, vacunas y controles médicos, o en casas humildes de calles destapadas, o encaramadas en los cerros tutelares de la ciudad.

Para terminar esta perruna nota cae como anillo al dedo la frase de Mahatma Gandhi político y pensador indio: “un país, una civilización, se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.

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