La Asociación de Amnésicos del Magdalena invita a…

Cayeye
By Cayeye Julio 17, 2013 20:59

La  Asociación de Amnésicos del Magdalena invita a…

 

foto_1Una vez alguien dijo: “Colombia es un pueblo sin memoria”, no fue Pambelé, el legendario
boxeador que acuñó la célebre frase: “Es mejor ser rico que ser pobre”.

Aunque muchos en nuestra maltratada comarca son tan pobres en ideas y en propuestas que lo único que tienen es plata: plata para comprar conciencias y corromper, plata para ostentar y humillar, y plata para tener dónde esconderse.
De vuelta al principio, se carece de memoria por tres grandes razones: la primera, por bruto e ignorante. Es lógico; nadie puede recordar lo que desconoce y en el Magdalena, con más de 50,000 analfabetas activos, no tener memoria es casi una virtud. Sin embargo, algunos rebaten esta teoría argumentando que no saber leer ni escribir no significa necesariamente que estas personas no tengan memoria o no hagan uso de ella. Y para confirmarlo basta con preguntarles algún dato histórico relevante, no se le vaya a ocurrir preguntarles por ejemplo, qué pasó el siete de agosto de 1819, pues no darán pie con bola, pero sí se les puede indagar por acontecimientos trascendentales como qué sucedió el 26 de mayo de 1958, y en coro responderán sin pensarlo dos veces: “Ese día nació el más grande, el gran Diomedes Díaz”. Otra prueba de que esta masa ignorante si tiene memoria se comprueba cada dos años cuando recuerdan que es época de elecciones y salen en manada a vender su voto.
Otra razón por la que algunas personas no tienen memoria o la pierden, es por causa de un accidente, o de una enfermedad como el alzhéimer, una clase de demencia progresiva que una vez aparece en la edad adulta, progresivamente va formateando el disco duro hasta dejarlo limpio, sin un byte de información y sin cables para conectarse al sistema; al punto que la infortunada víctima olvida desde cómo anudarse los cordones de sus zapatos, hasta el nombre de su cónyuge y el de sus hijos.
El tercer motivo para perder la memoria, el más cínico de todos, es hacerse el loco. Y en este los colombianos somos campeones. Quienes aplican este artilugio olvidan pagar facturas, cumplir citas, compromisos y promesas. Los políticos, como no, son los reyes de este segmento de amnésicos, pues apenas alcanzan la victoria y se atornillan en sus puestos, olvidan como por arte de magia todo lo que prometieron en sus campañas. Para su fortuna, los abnegados electores, igual que ellos, tienen una memoria de corto plazo que les impide recordar las mentiras que el político de marras repite elección tras elección.
Pero sin duda el más descarado de todos los desmemoriados de este tipo es aquel que funge de adalid de las buenas costumbres, de la honestidad y de correcto; ese que desde su apolillada tribuna critica visceralmente, señala, acusa, estigmatiza y condena a quienes hoy ocupan los lugares que por su incapacidad, desidia y negligencia perdió para siempre; pero que olvida que cuando tuvo su oportunidad, cuando chupaba sin consideración de la teta oficial, su comportamiento estuvo a la altura de los más torcidos y de los más incapaces.
Somos un país desmemoriado, no cabe la menor duda, por eso en la samaria nada cambia. Por eso reelegimos a los mismos de siempre, porque se nos olvida qué nos prometieron a cambio de nuestro voto; por eso padecemos las mismas dificultades porque se nos olvidó vivir bien y en paz.

Lo bueno de ser desmemoriado es que se puede leer un buen libro varias veces y disfrutarlo como si fuera la primera; y pedírselo una y otra vez a quien nos gusta. ¿O ya no se acuerdan?

Por: Bunachi Yúrkanu. Cronista Natural.

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